Abuelas de Plaza de Mayo encontró a la nieta 129

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Es hija de Norma Síntora y Carlos Solsona. Su padre vive y se encontrarán en los próximos días.

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, anunció la restitución de la identidad de la nieta número 129, una mujer que vive en el exterior y que tiene a su padre vivo.

“El tiempo es hoy, ayudemos a reparar las heridas que la dictadura nos dejó”, subrayó la titular de la entidad en conferencia de prensa.

Carlotto estuvo junto al padre de la joven, Carlos Solsona, quien todavía no se reencontró con su hija, que se hizo el análisis de compatibilidad el pasado 3 de abril, cuando arribó a la Argentina.
Según contó la presidenta de Abuelas, la nieta 129 es hija de Solsona y Norma Síntora, secuestrada en 1977 en la localidad bonaerense de Moreno, cuando estaba embarazada de ocho meses, quien desde ese momento se encuentra desaparecida.

“Es la nieta número 129, que podrá conocer a su padre, a sus hermanos. Es una alegría enorme”, enfatizó Carlotto, al resaltar la particularidad del caso, ya que no es habitual que los nietos recuperados puedan encontrarse con sus padres.

La titular de la entidad relató que la joven tardó varios años en hacerse el análisis de ADN y que la Justicia intervino en el caso, por una investigación sobre su partida de nacimiento apócrifa, que había sido firmada por un médico de la Policía Federal y que hablaba de un supuesto parto en un domicilio.
Abuelas de Plaza de Mayo se contactó por primera vez con la mujer en 2013, pero tras varios intentos fallidos y tras la intervención del juez federal Sergio Torres que envió varios exhortos internacionales, el análisis se realizó el pasado 3 de abril y confirmó el vínculo con Síntora y Solsona.
Estela de Carlotto afirmó que al arribar a la Argentina la nieta aceptó “voluntariamente” hacerse el análisis. “Su papá la espera para abrazarla. Pedimos que se respeten los tiempos y la privacidad de la familia”, agregó la presidenta de Abuelas.

Por su parte, Carlos Sosona, expresó: “Me pasé miles de noches sin dormir esperando este momento y quienes me conocen saben que es cierto. Como sabía que podía ser cierto que este momento no llegara, para evitar que me destruyera, me fui poniendo una coraza”.  “Yo tengo 70 años y empecé a buscarla cuando era un treintañero. Esto nos hizo vivir con una mochila pesada. Pesa pero nunca abandonamos la esperanza. Hemos recorrido no sé cuántos barrios de Buenos Aires, donde había una mínima pista íbamos a buscarla”, finalizó.n