Días difíciles


Desde Río de Janeiro

La policía brasileña, con la colaboración de las de otros países, logró desbaratar ayer una pandilla que desviaba entradas del Mundial. Los primeros cálculos indican que la mafia del cambio negro de entradas obtuvo ganancias de por lo menos medio millón de dólares por cada partido disputado hasta ahora. Se comprobó que al menos un alto funcionario de la FIFA, además de la Match, una de las agencias oficiales de venta de entradas, están involucrados. Hay sospechas sobre más funcionarios, ex jugadores, agentes de viajes, y la lista sigue y es larga. La pandilla era investigada desde 2002. Le tocó caer en Río.

Bueno, la verdad es que asociar una mafia a la FIFA puede sonar, a muchos oídos, como puro pleonasmo. Pero la entidad, para cumplir formalidades, aseguró ayer que exigió de la policía, o de las policías, urgencia absoluta en las investigaciones.

Joseph Blatter, el gran jefe de la FIFA, asegura que no tenía idea de nada. Vaya coincidencia: el alto funcionario de la entidad, además del principal intermediario, un argelino con nombre de historieta, Lamine Fofana, estaban hospedados en el mismo hotel que Blatter. Estaban: ahora, se hospedan en un local bastante menos noble, una celda de la Policía Federal.

Para distraerse en lo que sería un día vacío, nada mal. El esquema era sencillo: la pandilla se apoderaba de entradas oficialmente destinadas a minusválidos, a ONG, a invitados especiales de patrocinadores, a las cotas destinadas a estudiantes o trabajadores, y las revendían por el triple de su valor original. Claro que sin tener buenas relaciones con la estructura de la FIFA nada de eso sería posible. Hasta la noche de ayer, la policía no divulgó el nombre del alto funcionario de la entidad que fue detenido.

Felipao, a su vez, tampoco divulgó la formación que pretende llevar a la cancha en la tarde de hoy para un juego de vida o muerte contra Colombia. Seguramente habrá un cambio: Luis Gustavo no jugará, por estar suspendido luego de recibir dos tarjetas amarillas. En cuanto a los demás, puro misterio, puro silencio. Lo más probable es que nada más cambie. Felipao se limitó ayer a repetir con enfática monotonía el nuevo mantra de la selección: todos los jugadores, sin excepción, están emocionalmente equilibrados y listos para presentar un fútbol eficaz contra los colombianos. De ser verdad, habrá que construir un monumento de dimensiones gigantescas para Regina Brandao, la psicóloga convocada de emergencia para equilibrar y estabilizar a los muchachos.

Los que también buscan equilibrio y estabilidad son los dueños de farmacias. A esta altura del Mundial, se constató que ocurrió lo contrario de lo que sería natural esperar: hasta los hipocondríacos se volcaron de manera definitiva a lo que pasa en las canchas. La venta de medicinas para hipertensos, por ejemplo, cayeron 6 por ciento en junio. Y en día de juegos de Brasil, las farmacias pierden hasta 50 por ciento de su movimiento normal. Dicho sea de paso, todo el comercio pierde en días de partidos de la selección brasileña, excepto en dos sectores: la venta de bebidas alcohólicas, principalmente cerveza, y de carne. Hay muchos asados de festejo.

Examinando en detalle el caso de las farmacias, se constata que, en día de juego, el brasileño está más preocupado por la apariencia que por su salud. Si la venta de medicinas baja de manera estruendosa, la de artículos de belleza sube de manera fuerte, aunque insuficiente para compensar las pérdidas. Es la fiesta de protectores solares, artículos de maquillaje, desodorantes, en fin, pura vanidad.

Colombia. Ni modo: uno da vueltas y vueltas, pero es imposible no caer en el tema que realmente desvela a medio país: Colombia. Bueno, hay una perspectiva positiva: los colombianos son adeptos a un juego abierto, al contrario, por ejemplo, de los chilenos. Eso podrá significar una ventaja para el juego ágil, eficiente, bien estructurado y veloz de los brasileños. Pero, una cuestión: ¿alguien vio, hasta ahora, el juego ágil, eficiente, bien estructurado y veloz de los brasileños?

Mejor buscar otro ángulo: sí, hubo fallas escandalosas hasta ahora, pero tenemos a Neymar. Tenemos a Neymar. Pero, es verdad, ellos tienen a James Rodríguez. Pésimo ángulo de análisis, para quien pretende calmarse.

Otro intento: en realidad, hasta ahora Colombia no se enfrentó a ninguna selección considerada de alto nivel. Pasó por Grecia, Costa de Marfil y Japón primero, y por un Uruguay desconcertado y muy debilitado después. Nos queda, al menos en teoría, la idea de que México, Croacia, Camerún y Chile son equipos más fuertes de los que los colombianos lograron derrotas. Pero, en este Mundial, ¿alguna teoría se mostró respetable? Conclusión: el juego de hoy es el mayor test, la más difícil prueba a ser enfrentada por Brasil y Colombia. Si ganan los colombianos, será un hecho inédito e inmediatamente se elevan a la categoría –dudosa categoría– de favoritos al título. Si ganan los brasileños, podrá ser el inicio de la retomada de un rumbo que todavía no encontraron, al menos desde la Copa de las Confederaciones de hace exactamente un año.

Mejor no pensar en nada y tratar de buscar a algún sobreviviente de la mafia de la FIFA –perdón: de la mafia de los ingresos– para saber si acaso le queda alguno a un precio aceptable.

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